Cómo superar una ruptura sentimental


¿A quién no le ha pasado?

Decepciones, grandes o pequeñas, todos hemos atravesado alguna situación en las que nos hemos visto privados de aquella persona en la poníamos toda nuestra ilusión y el corazón se nos rompió. Hay decepciones más fáciles de superar que otras. A veces la relación aún es rescatable. Pero si has llegado al punto del que no hay retorno, no sabes cómo lidiar con ello, y la desolación amenaza con tomar control de tu vida, éste artículo es para ti.

Ya sea que tus sentimientos no hayan sido correspondidos, te rechazaron, te abandonaron, o rompiste una relación de más de 20 años, el dolor es inevitable y no importa si tienes 15 años o 75.

Un corazón roto es un traumatismo serio y debe ser atendido con la debida seriedad. Y no hay cosa peor que los que te rodean, y quieren ayudarte, actúen quitándole importancia, tratando de no mencionar el tema, o peor aun, urgiéndote a olvidar, pasar página y encontrar quien te quiera y te valore mejor. Aunque buenas intenciones guíen sus actos, no saben que con su actitud sólo aumentan tu sufrimiento. No saben que necesitas un tiempo para sanar. Y como los efectos visibles pueden confundirse con desgano y abandono, creen que es solo cuestión de voluntad para que vuelvas a estar bien. Su propia frustración -al no saber cómo ayudarte- hace que algunos pierdan la paciencia y sean un poco crueles, a menudo convencidos de que es lo que necesitas para reaccionar.

¡Ojalá fuera cierto! Aunque habrá casos en los que un trato severo puede llevar a una reacción de esforzarse en sobreponerse, funcionará más bien cuando el individuo afectado ha escogido deliberadamente refugiarse en el sufrimiento. Sin embargo, no ayuda a reponerse del impacto inicial de una decepción, cuando la persona aún no ha procesado la ruptura y se encuentra en una nebulosa de dolor de la que no consigue deshacerse.

Por desdicha los efectos de una desilusión pueden ser tan devastadores como un infarto masivo y el dolor del alma no es más fácil de aliviar que el dolor físico, tampoco depende exclusivamente de la voluntad de sanar. Es necesario admitir que necesita tratamiento y tiempo al igual que una enfermedad o un traumatismo para el cuerpo.

Para el que sufre de un corazón roto, en el sentido figurado, el dolor se vuelve incluso físico, porque cuerpo, mente y alma funcionan en consonancia en nuestra naturaleza. Estoy segura de que si pasaste por esto, habrás llegado a desear morirte, darte un golpe en la cabeza que te produjera amnesia o que tu angustia fuera un tumor para poderlo extirpar. Pero aunque los dolores del alma no sanan con un procedimiento quirúrgico, no deberían quedar desatendidos, porque se agravan y eventualmente se manifestarán enfermando al cuerpo. La medicina tradicional es completamente ineficiente en estos casos. Las píldoras no serán de utilidad para curar un corazón roto y un alma inundada por la pena.

¿Qué es recomendable en estos casos, entonces? Asumir la pena, aceptar la tristeza, porque tienes razones para estar triste. Elaborar el duelo, permitirte llorar esa pérdida para liberarte de ella y poder rehacer tu vida. Pero esto no debe extenderse por tanto tiempo que se transforme en un estilo de vida. El proceso que deberás atravesar es similar al de recuperación de un hueso roto. Así como cuando te rompes una pierna, la primera medida será colocar los huesos en su lugar e inmovilizarlos para que se suelden. Una vez que se han regenerado, si a su debido tiempo no se quita el yeso y tratamos ese miembro para recuperar la movilidad, éste se atrofiará. Del mismo modo, luego de aceptar la pérdida, tendrás que hacer un trabajo de rehabilitación para tu alma herida. Tienes múltiples caminos para ello. Puedes recurrir a una terapia tradicional como un psicólogo, a un consejero espiritual si perteneces a un grupo religioso, un coach personal o un amigo, que haya pasado por una experiencia similar, con paciencia y disposición a ayudarte. Pero eso no será suficiente y aquí sí entra en juego tu voluntad. Vas a necesitar hacer un esfuerzo para no rendirte y abandonarte al sufrimiento. Tendrás que luchar por recuperar o incluso mejorar tu vida personal y tu autoestima. Y para eso lo mejor es un proyecto personal, algo que realmente te interese, te entusiasme y ocupe tu mente, evitando continuar alimentando el dolor con sufrimiento constante y darle vueltas al asunto en tu cabeza día y noche. En otras palabras, necesitas algo que te distraiga y haga más llevadera esa etapa de transición. Divertirte a menudo no funciona por la sencilla razón de que no estás de ánimo de fiesta y difícilmente consiga algo más que aturdirte por un corto tiempo. Trabajar en algo que te apasiona en cambio, desvía tu atención de forma más efectiva. Todos tenemos un amor en la vida que no es precisamente una persona. Algo que realmente siempre hayas querido hacer, algo que siempre postergas. Un viaje, un hobby, un cambio de look, empezar o continuar una carrera, un deporte, una actividad artística, un trabajo de voluntario para ayudar a otros. ¡Te sorprendería cómo el ayudar a aliviar sufrimiento ajeno afecta positivamente ayudándonos a aliviar el propio! Y otra cosa importante es retomar tu vida social, hazte de tu propio círculo de amigos distinto del que compartías con tu ex. Y verás que poco a poco el dolor irá remitiendo, en ocasiones regresará y tendrás que combatirlo, pero si seguiste estos consejos, ya no te encontrará desarmado e indefenso.

No está demás recalcar la importancia de evitar falsas salidas al dolor, y me refiero a todas aquellas conductas compulsivas como abuso de alcohol, drogas, comida, juegos, compras, o zambullirse a la primera oportunidad en la próxima relación. Lo de un clavo saca a otro clavo sólo aplica si tu corazón es de madera. Porque si tu corazón es humano, eso no sólo no será beneficioso para ti, que verás resurgir todo el dolor, los temores y las dudas no resueltas de tu anterior ruptura, sino que vas a proyectarlas de lleno sobre esta nueva persona, haciéndole pagar lo que sufres por otra, causándole sufrimiento a quien podía ser tu oportunidad de felicidad. Intenta no poner expectativas sobre los demás durante este proceso. Por ejemplo, si eres madre o padre, refugiarte en el amor de tus hijos es una salida positiva, pero el obsesionarte y proyectar expectativas demasiado altas sobre logros que ellos puedan o no conseguir, solo va a predisponerte a mayores frustraciones, además del daño que les causarás a ellos. Un proyecto personal, por el contrario, te enfoca en la única cosa que puedes cambiar efectivamente: a ti mismo.

Sé que no es fácil, pero es necesario que comprendas que esa relación se terminó porque en éste preciso momento no sirve a tu evolución, los seres humanos precisamos de desafíos constantemente para continuar creciendo, y en nuestro universo todo lo que no está creciendo se está muriendo. Con frecuencia la lección a aprender de las rupturas es no aferrarse, porque para continuar evolucionando hay que soltarse, desplegar tus propias alas, ellas se encargarán de sostenerte en el aire y de conducirte a un nuevo destino de aprendizaje. La vida jamás te priva de algo si no es para colocarte enfrente algo mejor, y la felicidad sobreviene como una consecuencia de aceptar los retos e interiorizar las lecciones.

Por eso ante una ruptura o una gran decepción amorosa te aconsejo:

1- Admite la pérdida y elabora tu duelo. Llora, no lo reprimas, libera el sufrimiento, para poder pasar a la siguiente fase y no quedarte atascado en un círculo vicioso de resentimiento, culpa y autocompasión.

2- Sana, cura tus heridas, libérate del pasado, reestructura tu vida. Busca ayuda si es necesario, pero tómate muy en serio tu "rehabilitación".

3- Incorpora una forma positiva de llenar tu vida, evita las negativas, recurre a ese otro gran amor o pasión que se encarna en una actividad que llene tu mente y tus días.

A grandes rasgos, esos son los tres pasos que debes dar para superar una ruptura amorosa. ¿Que no es fácil? Nadie ha dicho que lo fuera, no sólo es difícil, también toma su tiempo. ¿Que a pesar del tiempo sigues recordando? No se supone que olvides, sino que aprendas algo y uses ese conocimiento, talvez extrapolándolo a otros ámbitos de tu vida, quizá incluso para ayudar a otros en similares trances. La idea es recordar sin sufrir y hacer buen uso de esa experiencia.

Lo que sí puedo garantizarte es que cuando estés listo, el Universo se encargará de poner en tu camino una nueva oportunidad para ser feliz, sin esfuerzo de tu parte. Y lo único que deberás hacer entonces será abrirte, renunciando a cualquier apego, miedo o desconfianza originados por anteriores fracasos.

Con la mejor intención de ayudarte a crecer,

Alejandra