Cuando tu relación de pareja es un tormento


Todas las relaciones pasan por diferentes etapas e inevitablemente suelen surgir diferencias de opinión, roces, choques que derivan en tensión, discusiones y enojos que también inevitablemente producen angustia. Pero aunque parezca contradictorio, las discusiones y desacuerdos en una pareja son algo normal, son parte del ajuste y adaptación de dos personas provenientes de distintos trasfondos aprendiendo a convivir. Es parte del crecimiento individual y del proceso de consolidación de una pareja. Y como tal, las tensiones deben ser resueltas mediante el diálogo y la comunicación, no es cuestión de ignorarlas porque eso sólo empeora la situación. Es cuestión de trabajar en ellas para resolverlas, dando lugar a un conocimiento mutuo y de sí mismos más profundo, a una comprensión mutua más profunda que lleva a estrechar los lazos de pareja.

Pero.... ¿Qué pasa cuando las discusiones se hacen constates y van subiendo de tono en lugar de aumentar el entendimiento?

Cuando nos damos de lleno con la triste realidad de que la burbuja rosa explotó dejándonos caer en la cuenta de que esto no es lo que habíamos imaginado, que el "fueron felices y comieron perdices" se acaba también y lo que te queda no se parece ni al romance del principio ni a lo que tu creías que sería la vida con tu amor.

Entonces nos sentimos estafados, queremos lo que nos fue "prometido" a toda costa. Comenzamos a buscar culpables, encontramos defectos en el otro, a quien no perdonamos no ser tal y como lo concebimos. Empezamos a pensar que ya no nos quiere. Celos, malos entendidos, reacciones arrogantes, empañan cada vez más la relación.

La angustia nos hace callar, soportar hasta explotar por insignificancias, nos sentimos heridos y reaccionamos lastimando, no con el objetivo de lastimar al otro, sino esperando que se sienta igual y nos entienda mejor. Pero eso no lleva a ser mejor comprendido. Todo lo contrario, la otra persona también reacciona mal y las discusiones se hacen interminables.

O pero aún, se levanta una barrera entre los dos de silencio hostil, frio e impenetrable como el acero.

Quizá tu pareja hace cosas que te duelen y tú crees que lo hace adrede. Tal vez lo haces tú. Ambos se prometen no volverlo a hacer. O interiormente se juran no volverlo a soportar. Pero la escena se ha repetido demasiadas veces y te indignas, lloras, sufres, intentas perdonar y continuar adelante, rogando que la otra persona cambie y sé dé cuenta de que se está destruyendo algo maravilloso.....pero tú no te atreves a romper...

Efectivamente, tu relación es un tormento, y no hacer nada al respecto sólo te garantiza continuar bajo esa tortura.

¿Qué puedes hacer entonces???

Primero, detenerte a pensar. Intenta por un momento vaciar tu mente de angustia, miedo y reproches, y analiza la situación lo más objetivamente que te sea posible. Sí, racionalmente, ya que tus emociones descontroladas te han puesto en esta precisa situación.

¿Qué tan mal está la relación? ¿Hasta dónde ha llegado el deterioro? ¿Todavía existe algo de comunicación? ¿Se ha perdido el respeto? ¿Ha habido violencia física?

El hacerte esas preguntas te dará pistas hacia la respuesta que buscas.

Si existe abuso físico o psicológico, no tengas ninguna duda, es tiempo de terminar. Una vez traspasado ese límite, difícilmente habrá vuelta atrás, y el daño causado es irreversible para esa relación. Necesitarás sanar para continuar adelante y conseguir en el futuro tener una buena relación con otra persona.

Otro punto importante: ¿Cuánto tiempo llevan así? Sin lugar a dudas cuanto mayor es el tiempo que ha transcurrido, menores son las chances de que vuelva a funcionar. Hay que tener mucho cuidado de no caer en la trampa de no dejar una relación por no renunciar al tiempo invertido en ella. Muchos creen que si la relación se termina ese tiempo está perdido sin remedio. La cantidad de tiempo no es capitalizable en una relación, es la calidad de lo que se ha compartido lo que importa, y las experiencias que te ha aportado. Te puedes pasar la vida entera en una relación que es un auténtico calvario. El sufrir esperando que todo cambie por arte de magia es la peor tortura a la puedes estar sometido. Y te la estás imponiendo tú. Tal vez no logres cambiar la forma de proceder de tu pareja, tal vez no consigas establecer una comunicación con ella, pero siempre tendrás la última decisión sobre tus propias actitudes y acciones.

Y tu pareja sólo será rescatable si mantienen la comunicación abierta. El callar por temor a desencadenar una ruptura no te salvará de ella. ¿No has pensado que te estás aferrando a esa relación más por miedo que por amor? Los seres humanos somos criaturas curiosas, capaces de abrazarnos de un ancla como si fuera una tabla de salvación, y nos negamos a verlo aun cuando todo a nuestro alrededor nos prueba que estamos en el fondo del océano. Si lo que temes es experimentar el dolor de la ruptura, ¿qué hay del sufrimiento, esfuerzo y energía que pones cada día para mantener una pareja disfuncional?

Si estás tratando de sacar adelante la relación de pareja tú solo, "poniendo el 100% de tu parte si fuera necesario", tienes que darte cuenta que eres tú el que está en un error. En una pareja son dos a dar y recibir, y si tú sólo estás aportando, no pasará mucho sin que el agotamiento y resentimiento se lleven lo mejor de ti, y comiences a detestar al otro convenciéndote de que sólo se aprovecha de tu cariño. Una relación sentimental implica dos voluntades de permanecer y crecer juntos, dar amor y abrirse a recibirlo, estar dispuestos a adaptarse y aprender. Y dejar a un lado el propio ego y los prejuicios.

El siguiente paso es hablar con la otra persona, establecer una tregua para decidir si han de continuar juntos o no.

Cualquier solución a un conflicto con tu pareja comienza por hablarlo, despojándose de resentimientos, reconociendo errores y limitaciones de ambas partes, siendo francos con lo que nos gusta y nos desagrada, pero sin atacar, intentar negociar y llegar a un acuerdo, ponerse en el lugar del otro, no para justificarlo, sino para entenderlo mejor.

Es que no sólo depende del amor, la voluntad debe ser mutua, y deberán ser conscientes de que hay que empezar de nuevo. A veces el error que se comete es pretender retomar la relación en el punto exacto en el que se rompió. Eso sería como intentar pegar un cristal roto. Pero ¿sabes una cosa? Una copa de cristal astillada y pegada no te sirve para beber de ella, pero el cristal es un material noble que puede fundirse para crear una nueva.. Con frecuencia se insiste demasiado en que todo vuelva a ser como antes, cuando se supone que ambos han cambiado y evolucionado. Y Se pierde de vista que la nueva etapa no sólo debe ser algo diferente, puede ser incomparablemente mejor.

Si lo has intentado todo, y aún así tu relación es un tormento, plantéate si realmente es así como quieres pasar el resto de tu vida. ¿Lo harías si descubrieras que sólo te queda un mes de vida? ¿Y qué si tuvieras que vivir 50 años más de lo mismo... marchitándote día tras día a la espera de un milagro...?

O... ¿Son otras las razones que te impiden romper la relación?

A menudo lo que sucede es que hay otra personas involucradas. Sobre todo cuando hay hijos en común la gente arrastra un matrimonio horrible pensando en el daño que les puede causar una separación. Es también un error común, no sólo tú y tu pareja son prisioneros del tormento, sino que mantienen como rehenes a quienes pretenden proteger. Consigue un buen abogado, negocia una separación amistosa lo más justa posible para todos. Los hijos de padres separados tienden a madurar más rápido, y aunque no puedes evitarles el dolor, puedes asegurarte de que lo superen rápidamente. Los niños que crecen en un hogar lleno de tensión y desamor tenderán a creer que esa es la realidad del mundo, proyectándola sobre su vida de adultos. En otras palabras, se los predispone a ser desdichados.

Si tus razones para continuar con una relación que te martiriza es la dependencia económica, comienza a construir tu independencia, busca un empleo, estudia, vuelve temporalmente con tu familia. No existe seguridad económica que valga todo un futuro asegurado de infelicidad. Afuera hay algo mucho mejor para ti que una cómoda y bonita jaula, cuyo precio sin duda se volverá tan alto que no te permitirá disfrutarla.

Soportar un tormento no es una opción. Continuar arrastrando el problema con la secreta esperanza de que se solucione por sí solo, te puede dejar atrapado en un caso de autosacrificio inútil. Habrá casos en que ha llegado el momento de terminar, en otros es cuestión de reconstruir. Y si aún amas a la otra persona, si de verdad quieres rescatar esa relación, tienes que hacer algo. Y cuanto antes tomes cartas en el asunto mayores serán tus oportunidades de conseguirlo.

Con la mejor intención de ayudarte a crecer,

Alejandra.