Perdona y libérate


Libérate de ese rencor, de ese ácido que te corroe el alma, de esa angustia que te oprime el pecho.

Perdona a quien te haya lastimado, no porque se lo merezca, sino porque tú no mereces cargar con odio en tu corazón.

Y ese odio o rencor que llevas dentro no va a dejarte vivir en paz. Te va a amargar la vida, no sólo a ti, también a los que te quieren y te rodean, como familiares y amigos.

Como dijo Teresa de Calcuta: "El perdón es una decisión, no un sentimiento..." Pues tomando esa decisión, muy sabia por cierto, evitarás enfermar tu mente, tu físico y liberarás tu espíritu.

Muchas personas dejan de disfrutar las cosas buenas que les da la vida o el Universo, esperando que su ofensor cambie o se arrepienta, o recibir alguna retribución o resarcimiento. Y en esa rencorosa e impaciente espera caen en una espiral descendente de baja autoestima, mala actitud, culpabilidad y deseo de venganza.

Sí, alguien te ha herido y el ego reclama venganza, y eso te nubla la mente y no te puedes concentrar en nada más que ese agujero negro que te consume. No te permite disfrutar de nada y no importa cuántas cosas buenas tengas. Y aquellos que te hicieron daño siguen con su vida, como si nada hubiera pasado, o eso crees tú... Y así, atrapado en ese círculo vicioso de emociones y pensamientos negativos, que te encierra y te esclaviza agravando tu dolor; te aíslas, hundiéndote, perdiendo tiempo y energía preciosos, que no vas a recuperar.

La vida es corta. Desecha ese lastre. Perdónate también a ti mismo, no cargues tú con la responsabilidad del que te causó el daño, pensando que de alguna forma "se lo has permitido".

El perdón no es igual a olvido ni a la justificación. El hecho de perdonar no quiere decir que todo volverá a ser "como antes". Tampoco es resignación. No significa negar o restar importancia al dolor que sientes. Mucho menos es darle la razón al que te ofendió. El sólo hecho de perdonar no restituye la confianza perdida.

Por chocante que nos parezca, hay que admitir que hay personas que son por naturaleza destructivas, como la fábula de la rana y el escorpión. Apártate, déjalas ser y continúa tu camino, ya la vida se encargará de hacerle ver sus errores. Tú ya tienes bastante con aprender de tus propias equivocaciones.

Ante conflictos con gente tóxica la mejor opción es alejarse, porque no hay otra forma de que puedas salir airoso. Y de ninguna manera vas a ser una mala persona por no querer estar con alguien que te hizo daño, cuando seguramente el sólo tono de su voz, su perfume, su mirada, te transporta aquella angustiosa situación que no quieres, ni debes repetir. El evitar a alguien que te hace daño tampoco es cobardía o debilidad, ¿Acaso alguien en su sano juicio se atrevería a pensar que eres un miedoso, o que tienes algo personal en contra de los peces, porque te niegues a nadar entre tiburones? El mantener distancia te asegura lo necesario para perdonar y darte tiempo a sanar, convirtiéndote una persona más sabia y equilibrada.

Tomar la decisión y luego la acción de perdonar es como abrir una válvula y liberar poco a poco toda esa presión acumulada, y así, con el tiempo te darás cuenta que el dolor remite y llegará el día en que mirando atrás pienses en ello y sientas que ya no te afecta. Sé que no es fácil, y es sólo un primer paso, requerirá mucho esfuerzo y posiblemente necesites ayuda para atravesar todo el proceso.

Pero piensa que tomar la decisión de perdonar es empezar a tomar el control sobre ti mismo, darte la oportunidad de tener paz, y en consecuencia felicidad, y atraer cosas buenas que tanto te mereces en tu vida.

Tu coach personal,

ALFREDO MARCHESE