¿Por qué hay tanto sufrimiento en el mundo?

Nadie que viva en este siglo puede pasar por alto el cuestionárselo.

Guerras, terrorismo, tráfico de personas, drogas, enfermedades sin cura, pobreza, crisis económica, crisis de valores, la familia -base de nuestra sociedad- desintegrándose. Y tanta soledad...

Vivir en estos tiempos es tan difícil como tratar de mantener cualquier tipo de equilibrio y una fe sana.

La mayoría no encuentra una respuesta sensata. Hay quienes responsabilizan a Dios, argumentando que qué clase de Dios permite tantas atrocidades sin mover un dedo para detener o evitar tanto daño y sufrimiento sin sentido. Hay gente que simplemente ha dejado de creer y ha abandonado toda esperanza. Hay otros que se aferran a una fe ciega y dogmática, cayendo muchas veces en un fanatismo obsesivo que les devuelva de algún modo el sentido y razón de tanto padecimiento humano.

Es comprensible.

Pero si se observa un poco más de cerca y luego se toma considerable distancia para ser suficientemente objetivo, todo lo que veremos es a nosotros mismos, a la humanidad, a la especie con capacidad inteligente que habita y domina la faz de la tierra.

Nuestro proceso evolutivo ha sido y continúa siendo difícil y complejo y en cierta forma nunca dejamos de ser niños Como seres humanos, nuestra percepción individual es muy limitada, queremos lo que queremos y lo queremos ya, sin alcanzar siquiera a vislumbrar todo aquello que está más allá de nuestros deseos, de la proyección de nuestro ego. Tendemos a ver sólo lo que se nos niega, aunque sea una sola cosa, ignorando toda la riqueza y fortuna que a distintos niveles siempre nos ha acompañado.

Y a nivel global nuestra realidad se ha transformado en una constante lucha de egos en conflicto.

Intereses en conflicto.

Diferentes culturas en conflicto.

Distintos grados de evolución chocando entre sí tratando de imponerse por la fuerza -si es necesario- para que ciertas verdades parciales prevalezcan sobre las demás verdades parciales.

Y ante ese escenario es lógico preguntarse:

¿Dónde está Dios, donde está ese ser todopoderoso que con su sola voluntad podría sanar lo incurable y revertir cualquier catástrofe...?

¿Nos ha olvidado...?

¿Nos ha abandonado..?

¿No le importamos en lo más mínimo..?

Sé que es difícil aceptar la respuesta, sobre todo en momentos de dolor, cuando lo único que queremos es que alguien nos resuelva todo mágicamente. Es difícil aceptar que nuestro creador simplemente está honrando el Libre Albedrío que nos otorgó. Permitiéndonos crecer. Iluminando a aquellos que aún lo escuchan para e detener y evitar que nos hagamos daño irreparable, arrasando con toda su creación y nuestra propia especie en el proceso.

Su posición no parece nada fácil, y aunque con mi mente limitada ni siquiera me planteo entenderlo, puedo hacerme una idea.

Sin duda lo tenemos muy ocupado.

Porque Él jamás se aparta ni abandona a ninguna de sus criaturas, somos nosotros por nuestra propia decisión o por desidia que nos apartamos y lo abandonamos.

Él jamás castiga. Somos nosotros en nuestra ansia de trascendencia quienes no solo castigamos a otros, también lo hacemos constantemente con nosotros mismos.

Sin embargo Dios y su infinito amor estará siempre cuando quieras verlo, y no necesitarás mirar más allá que en tu propio interior.

La respuesta siempre ha estado ahí.

Y es que el sufrimiento en este mundo viene de nosotros, de nuestra incapacidad de asumir responsabilidad.

Esta existencia es una escuela de almas jóvenes y poco experimentadas que hemos venido a aprender y desarrollarnos. No importa que lo creas o no, no importa si crees en algo o no crees en nada. Si has llegado a este mundo es que necesitas aprender. Si estás aquí es que hay algo que puedes aportar para ayudar a otros a crecer. Y ha llegado el momento de rendir examen para acceder al próximo nivel, donde la humanidad se haga cargo de tomar las riendas de su propia evolución, dejando de lado el buscar culpables o proyectar fuera responsabilidades que en verdad, sólo nos corresponden a nosotros mismos, tanto individual como colectivamente.

Todo conflicto en nuestra vida supone una lección a aprender. Pero ese conocimiento no es innato en el ser humano, y todo conocimiento deberá ser conquistado, según nuestro grado de evolución personal y social. ¡Pero es tan difícil estar abierto a hacer las cosas de un modo diferente! Con frecuencia tratamos de imponer nuestro modo y forzar el devenir a amoldarse a nuestra comodidad y deseo y a los conceptos harto conocidos, funcionen o no, cuando lo que deberíamos hacer es dejarnos fluir y aceptar el cambio como esencia del aprendizaje y la evolución. Nuestra propia resistencia es nuestro principal obstáculo.

Cada obstáculo encarna una lección de vida. Si aceptamos ese principio, el sufrimiento como sufrimiento desaparece, solo debemos interiorizar la enseñanza que nos deja. Y la angustia, la ansiedad y la incertidumbre desaparecerán.

Todo tiene su razón de ser, sólo que no siempre encaja dentro de nuestros esquemas limitados y para entender debemos salirnos de ellos. El cambio llegará inevitablemente, para bien o para mal.

Entonces... ¿por qué no tomar la iniciativa asegurándonos que el cambio sea para bien?

Tenemos las herramientas y los conocimientos básicos...

Ahora depende de nosotros el ponerlo en práctica para continuar creciendo.

Y para concluir, parafraseando a Buda les recuerdo que:

"El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional."

Con la intención de colaborar con tu evolución personal,

Alejandra.