¿Por qué tengo mala suerte en el amor? 

Parte II


Si leíste mi publicación anterior tal vez pienses que tu caso es diferente y nada de eso aplica para tí.

Quizá sea porque tus relaciones siempre terminan abruptamente, y en no muy buenas circunstancias que digamos. Crees que la otra persona "cambió" en determinado momento, dejó de ser el que tú elegiste, o piensas ha dejado de quererte. Lo peor es no sólo te ha pasado en una ocasión. Sientes que cada vez que crees que has encontrado a alguien con quien compartir tu vida, antes o después, algo siempre pasa. Por supuesto que hay infinidad de casos con sus particulares matices, pero básicamente pueden resumirse en unos pocos ejemplos.

- Tu pareja se vuelve abusiva, celosa e irracional y controladora.

- Tus relaciones terminan en conflicto y violentas discusiones, y se dicen a la cara cosas realmente desagradables.

- Siempre te traicionan.

- Sin razón aparente la otra persona desaparece, y te dejan sin siquiera darte una explicación.

- Te envuelves con frecuencia en triángulos amorosos.

- Sea como sea, tus relaciones siempre acaban en ruptura,

Hay grandes probabilidades de que si siempre te pasa lo mismo y encuadra dentro uno o más de los ejemplos anteriores, la razón no es precisamente la mala suerte. O estás siguiendo un patrón de conducta auto destructivo y/o te atrae el tipo de persona destructiva, envuelta en un seductor halo de misterio romántico. En cualquiera de los casos puede que necesites terapia para salir del círculo vicioso que te aprisiona, pero la causa subyacente es una lección que no ha sido aprendida.

Todas las relaciones sentimentales atraviesan épocas de crisis y en general estamos poco predispuestos a aceptar esa realidad. Toda pareja está compuesta de dos seres provenientes de diversos entornos, con diferentes sistemas de valores y costumbres. Y necesariamente habrán vivido distintas experiencias, aunque tengan muchísimo en común. La magia del amor hace que nos sintamos conectados de una forma indescriptible y sin embargo.... hay que aprender a ajustarse, a ceder un poco de ambas partes para llegar a complementarse y fundirse en esa nueva entidad formada por dos individuos que llamamos "pareja". Las diferencias individuales generan tensión que hay que resolver. Uno opina una cosa y el otro lo opuesto. Uno siente "algo" como muy importante y el otro ni siquiera tiene en cuenta ese "algo". Uno es enérgico y el otro se toma su tiempo... muy a menudo sólo se trata de pequeñas cosas, pequeñas diferencias. Pero cuando se suman día tras día en la convivencia cotidiana, comienzan a excavar una brecha que llegada a extremos se transforma en un abismo que precipita una ruptura. Y puede sucederle a la pareja más unida y enamorada

Conozco parejas que discuten por lo que parecen nimiedades. A veces resulta que se han habituado a relacionarse de ese modo (¡aunque parezca increíble!). Sin embargo constantes discusiones por tonterías pueden esconder diferencias realmente profundas y si se continúa abriendo la brecha, pueden provocar el desgaste del amor más puro y verdadero y eventualmente, la ruptura.

Cuando amamos a alguien estamos mucho más susceptibles a salir heridos, queremos la comprensión y el respaldo incondicional del otro. Los celos y el tratar de imponer nuestro modo de vivir y de ver las cosas son inevitables. Pero el secreto está en trabajar en esas dificultades, porque en la medida y modo en que se vayan resolviendo la relación se fortalecerá o se debilitará.

Las tensiones, desacuerdos, enojos, tienen que hablarse. A veces se tiene el concepto de que lo mejor es evitar confrontaciones, de que las discusiones son algo negativo. Es verdad que no se puede vivir en una constante tensión y discutiendo todo el tiempo, pero un conflicto puede verse de dos maneras: para resolver diferencias o para iniciar una guerra. Y en una relación sentimental es imperativo resolver las diferencias para evitar una guerra. Es absolutamente necesario efectuar planteos, expresar desacuerdos y disensiones porque es el único modo de llegar a un acuerdo o solución. Es allí donde son útiles las discusiones, pero depende de cómo se utilicen. Voy a recurrir a un ejemplo práctico, he sabido de parejas que comenzaron a discutir al convivir porque uno de ellos acostumbraba a tirar toda comida sobrante. Para La otra persona, que había tenido una niñez llena de carencias, el tirar comida en buen estado era peor que un sacrilegio, casi un insulto. Así que cada vez que veía comida en la basura le venía un ataque, se enojaba y empezaba a discutir y echarle en cara el derroche. Su media naranja se sentía atacada y criticada sin razón y respondía enojándose y contratacando con reproches. La cuestión es que la escena comenzó a repetirse y discusiones que se iniciaban por media pizza en la basura, continuaban extendiéndose a echarse otras cosas en cara mutuamente, escalando en agresividad, para terminar en la constante frustración de ambos. Los dos se sentían incomprendidos, víctimas, infravalorados y en última instancia, que el otro ya no lo quería como antes. Primero,  cada uno de ellos intentó cambiar al otro, luego escarmentarlo, "para que aprendiera"... En resumen, los dos se aislaron en su sufrimiento distanciándose cada vez más. Y entonces aparece un tercero en discordia, -que nunca falta-, convenciendo de que ya la relación no tiene remedio y mejor lo intenta con esta otra persona, que no le va a tratar como a un criminal sólo porque se niega a comer/tirar las sobras (por ejemplo).

Aunque pueda parecer extremo, todo esto sucede con mucha frecuencia en mayor o menor medida y aplicado a los más diversos temas.

Lo que quiero ilustrar con esa historia es el mecanismo detrás de la mayoría de las rupturas, y cómo dos personas que se aman de verdad, igualmente pueden ver marcharse el amor de su vida por ignorar como se construye una relación de pareja. La mayoría de las rupturas responden a ese mecanismo y no es mala suerte, es inexperiencia.

¿Qué puedes hacer tú si reconoces éstos síntomas en tu relación? Tratar por sobre todas las cosas de mantener la comunicación y antes de enojarse, ponerse un poquito en el lugar del otro. Ese solo ejercicio basta para cambiar nuestra perspectiva. Al menor signo, detente a pensar, ¿es realmente tan importante para ti la "falta" de tu pareja o es que está despertando algún viejo trauma sin resolver? Tal vez has sido una chica abandonada por tu padre, que sin siquiera saberlo estás proyectando sobre tu pareja resentimiento o temor a abandono. O tal vez eres un chico con una mamá manipuladora que siente que todas las mujeres utilizan su aparente fragilidad y las lágrimas para practicar chantaje emocional

Analiza qué es en realidad lo que te molesta tanto y procura ayuda si es necesario. Cuéntaselo a tu pareja para que te pueda entender. Facilita que quien comparte tu vida confíe en ti y no hagas un drama de cada pequeña cosa que hace diferente o que te oculta. Lo más probable es que sólo quiera evitar una tormenta. En lugar de enojarte y reclamar, dile cómo te sientes y también escucha.

No permitas tampoco que tu relación caiga en una rutina tediosa, por evitar una confrontación, una conversación incómoda a tiempo puede evitar males mayores, como malos entendidos e incomunicación. Pacta treguas y límites, como por ejemplo nunca irse a dormir enojados, o no usar como arma la privación sexual (porque además, estarías desaprovechando una excelente oportunidad de hacer las paces y de liberar tensiones).

Y llegado el momento, es importante aceptar que las relaciones también se terminan. Aferrarte solo prolongará la agonía y a veces una separación en el momento oportuno, nos salva de caer en una relación disfuncional que solo puede causar mayor sufrimiento. Hay parejas que vuelven a reconciliarse luego de un tiempo, porque han necesitado madurar por separado, individualmente, para llegar a un nivel compatible. Hay otras que simplemente han llegado a su final. Si ese es el caso, quédate con lo bueno, elabora tu duelo y rescata lo que has aprendido para que tu próxima relación sea mejor. De esa forma se construye la "buena suerte" en el amor.

Alejandra

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